Vamonos
痴谩尘辞苍辞蝉
cuento de Jorge G贸mez Jim茅nez
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Hay tipos que creen que por duros tienen que ser adustos y de genio dif铆cil. Es una estupidez, porque tal actitud termina por convertirlos en seres mal encarados a los que cualquier est铆mulo externo les molesta. Las mujeres suelen llamarlos aburridos.
Hay una chica muy alegre, de esas cuya alegr铆a es contagiosa, a la que he visto por toda la ciudad en las situaciones m谩s diversas, aunque nunca hemos sido presentados. Una vez la vi en una competencia de ciclismo, otra vez en una gasolinera recolectando dinero para una buena causa, hace algunos meses la o铆 carcajearse detr谩s de m铆, ante una computadora, en un centro de chat por Internet.
Anoche se la se帽al茅 a Wil desde la barra apenas llegamos al Gran Metro. Le calculamos unos treinta a帽os. Era alta y de piel canela, y lo m谩s provocativo de su estampa eran los labios. Estaba con dos tipos en una de las mesas y hablaba animadamente con el m谩s joven, el que parec铆a ser su pareja. Despu茅s, cuando pudimos verlo con detenimiento, descubrimos que era algo mayor de lo que hab铆amos calculado, s贸lo que luc铆a m谩s joven porque era m谩s delgado y vivaracho que el otro, un tipo algo corpulento y silencioso, completamente fuera de lugar.
En cierto momento ella se levant贸 de su silla y se fue al ba帽o, paseando su exuberante humanidad por el lugar. Wil y yo aprovechamos para mirarla en detalle cuando pas贸 cerca de nosotros. Era una de esas hembras poderosas que llegan a un sitio y de inmediato se adue帽an de las malas intenciones.
Poco despu茅s de que volviera a su mesa, el Panzer y los suyos empezaron a tocar. La chica se puso a interpretar apasionadamente una de las canciones del set, acompa帽ada por su pareja, el flaco. Era una canci贸n memorable y algo vieja, de los ochenta. El Panzer me se帽al贸 a la chica desde el escenario y yo le ped铆 con un gesto de la mano que siguiera tocando canciones de ese estilo. Fue un 茅xito.
A la tercera canci贸n la chica y su novio le hac铆an el coro al Panzer, de lo m谩s animados. Le hice notar a Wil c贸mo, en contraste, el corpulento no participaba de la acci贸n. Para empezar, estaba sentado de espaldas al grupo; por otro lado, bostezaba teatralmente. Se notaba que estaba exagerando un fingido aburrimiento porque quer铆a irse.
"Qu茅 aguafiestas ese tipo", me dijo Wil al cabo de un rato. Cada cierto tiempo la chica invitaba al corpulento a cantar con ellos, pero 茅l se negaba y ella le hac铆a con la mano un adem谩n de menosprecio. El otro no se entromet铆a, pero cada vez que empezaba una canci贸n celebraba con su chica la calidad del recuerdo. "Mira c贸mo se arrellana en su asiento", le dije a Wil refiri茅ndome al corpulento. "Qu茅 descortes铆a para con esa hembra". Nos re铆mos de 茅l sin ning煤n empacho.
S茅 que llegu茅 a mi deducci贸n a trav茅s de asociaciones l贸gicas y algo de fantas铆a, pero en el momento me pareci贸 poco menos que una revelaci贸n. Tom茅 a Wil por la manga y le dije: "El novio es el aburrido". Wil, obviamente, no estuvo de acuerdo conmigo. La chica estaba demasiado entusiasmada con el flaco, recordando los pasos de los ochenta y riendo a mand铆bula batiente. A Wil le pareci贸 una insensatez mi hallazgo.
Trat茅 de argumentar. "F铆jate", le dije, "el aburrido tiene la apariencia de ser un tipo resuelto, adem谩s de que con ese f铆sico no tiene necesidad de aburrirse acompa帽ando a una pareja, como corresponder铆a m谩s bien a un mequetrefe. Y realmente el mequetrefe es el otro, el flaco. Con tales muestras de aburrimiento y descontento, un tipo con esa pinta ya habr铆a puesto su parte de la cuenta y se habr铆a ido, o al menos qu茅 s茅 yo, se habr铆a sentado de frente al grupo y a la puerta para iniciar su propia cacer铆a".
Wil empez贸 a convencerse de que lo que yo dec铆a ten铆a cierta l贸gica. Continu茅 especulando. "La chica es la novia del aburrido y tienen ya alg煤n tiempo juntos. Es por eso que 茅l se permite la tonter铆a de demostrar que est谩 aburrido, pues por muy aguafiestas que sea, 茅l se siente el propietario de la chica. El flaco es un viejo amigo que estaba de viaje o al que por otra circunstancia hac铆a tiempo no ve铆an. Lleg贸 hoy, se encontraron por casualidad y el aburrido, ostentoso, quiso que su chica y su amigo lo acompa帽aran a uno de los mejores sitios de la ciudad, un poco para pavonearse. Pero bast贸 que empezara la m煤sica y se hiciera necesario mostrar algo de alegr铆a para que el aburrido decepcionara a la chica y el flaco pasara a ocupar el primer plano".
No hizo falta demasiado tiempo para que los hechos corroboraran mis ideas. Cuando el flaco fue al ba帽o, la chica hizo un 煤ltimo intento por animar a su novio. Tom贸 la mano hasta el corpulento y le dijo algunas cosas en ese exquisito tono alegremente suplicante que una hembra esgrime para seducir y lograr sus metas. El aburrido no cesaba de hacer gestos de aburrimiento, incluso cuando el flaco volvi贸 a sentarse. Ella hizo a su vez un gesto de resignaci贸n y le solt贸 la mano.
"El aburrido es el novio", repet铆a Wil en un ataque de risa. "Y un imb茅cil", le dije. "Debe de haber sido ense帽ado desde peque帽o a demostrar que es un macho, pero tiene la idea errada de que ser macho le impide gustar de la m煤sica, la alegr铆a. Sentarse de espaldas al grupo, menospreciar la alegr铆a de su chica y de su amigo, hasta la forma como alarga las piernas por debajo de la mesa son se帽ales mediante las cuales indica que la alegr铆a es una cosa sosa de la que su car谩cter de macho no le permite participar".
El momento cumbre de la noche vino cuando el aburrido fue al ba帽o. El flaco se hizo el desentendido y miraba al grupo del Panzer como queriendo escapar de la tentaci贸n. La chica sigui贸 con la mirada al aburrido 鈥攜o dir铆a que con rabia, con desprecio鈥� hasta que desapareci贸 tras la puerta del ba帽o. Entonces tom贸 al flaco por el brazo y le dirigi贸 algunas palabras en las cuales adivinamos le estaba pidiendo opini贸n sobre la estulticia de su novio. El flaco declin贸 hacer comentarios y sigui贸 d谩ndose palmaditas en la pierna al comp谩s de la m煤sica.
Entonces la mujer hizo un gesto de cansancio y le dijo al flaco algo definitivo. En ese momento Wil me mir贸 incr茅dulo; mis cejas ya estaban arqueadas de la impresi贸n. Wil me pregunt贸 si yo cre铆a que ella hab铆a dicho lo que 茅l cre铆a que en efecto hab铆a dicho. "Le dijo 痴谩尘辞苍辞蝉", respond铆 poco a poco, a煤n sorprendido. "Va a dejar al novio". "Bien hecho", me dijo Wil, y yo me mostr茅 de acuerdo.
Todo escr煤pulos, el flaco hac铆a constantemente con la cabeza un adem谩n negativo y parec铆a reprochar la audacia de la chica. "Pobrecita", le dije a Wil. "Ahora le va a costar divertirse". Me equivoqu茅. En cuanto lleg贸 el novio, ella empez贸 a actuar de manera cada vez m谩s descarada. Creo que la negativa del flaco a hacerse con tama帽o trofeo termin贸 de desquiciarla e hizo que los tragos le estallaran en el medio del cerebro.
Un mesonero los conmin贸 a irse cuando ella se levant贸 bailando y empez贸 a bajar la cremallera de su pantal贸n, ante los esfuerzos divertidos del flaco por hacer que se sentara y la mirada at贸nita del aburrido novio, a quien no le qued贸 m谩s remedio que pedir la cuenta para salir, al fin, de la que supongo fue una de las noches m谩s bochornosas de su vida.
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